"UN HOMBRE TENÍA DOS HIJOS Dijo Jesús: “ Un hombre tenía dos hijos, el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. "Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y de- seaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me le- vantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. "Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta. "Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el no- villo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. "Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero con- venía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este her- mano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado." Pero él replicó a su padre: "Hace tan- tos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devo- rado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"
Lucas 15,11-32
sábado, 14 de mayo de 2011
jueves, 12 de mayo de 2011
no puedo vivir sin ti
No, no puedo olvidar esta tarde
O tu cara mientras te ibas
Pero supongo que esa es la manera
Como sigue la historia
Tu siempre sonríes pero tus ojos
Reflejan tu dolor
Si, es así
No, no puedo olvidar el mañana
Cuando pienso en todas mis tristezas
Cuando te tuve ahí
Pero entonces te dejé ir
Y ahora es justo
Que yo te haga saber
Lo que debes saber
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo vivir
No doy más
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo dar mas
No doy más
Bien, no puedo olvidar esta tarde
O tu cara mientras te ibas
Pero supongo que esa es la manera
Como sigue la historia
Tu siempre sonríes pero tus ojos
Reflejan tu dolor
Si, es así
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo vivir
No doy más
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo dar mas
No doy más
O tu cara mientras te ibas
Pero supongo que esa es la manera
Como sigue la historia
Tu siempre sonríes pero tus ojos
Reflejan tu dolor
Si, es así
No, no puedo olvidar el mañana
Cuando pienso en todas mis tristezas
Cuando te tuve ahí
Pero entonces te dejé ir
Y ahora es justo
Que yo te haga saber
Lo que debes saber
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo vivir
No doy más
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo dar mas
No doy más
Bien, no puedo olvidar esta tarde
O tu cara mientras te ibas
Pero supongo que esa es la manera
Como sigue la historia
Tu siempre sonríes pero tus ojos
Reflejan tu dolor
Si, es así
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo vivir
No doy más
No puedo vivir
Si vivir es sin ti
No puedo dar mas
No doy más
martes, 10 de mayo de 2011
juan rafael mora porras
Juan Rafael Mora Porras
Juan Rafael Mora Porras fue Presidente de Costa Rica en cuatro ocasiones consecutivas. A don Juanito, como le llamaban los costarricenses para diferenciarlo de su pariente el primer Jefe de Estado don Juan Mora Fernández, se le reconoce especialmente el mérito de haber conducido al país a la victoria sobre los filibusteros encabezados por William Walker, en la Campaña Nacional de 1856-1857. Precisamente, por esta campaña, la Asamblea Legislativa de Costa Rica le declaró "héroe y libertador nacional" el 16 de septiembre de 2010.1
Nació en San José el 8 de febrero de 1814. Fue hijo de Camilo Mora Alvarado y Ana Benita Porras Ulloa,hermano de Miguel Mora Porras, Presidente de Costa Rica en 1849, y hermano del General José Joaquín Mora Porras. Sus hermanas Ana María y Guadalupe fueron esposas, respectivamente, de José María Montealegre Fernández, Presidente de la República de 1859 a 1863, y del general José María Cañas Escamilla, gran figura de la guerra contra William Walker.
Se casó en San José el 24 de junio de 1847 con Inés Aguilar Cueto, hija de Manuel Aguilar Chacón, Jefe de Estado de 1837 a 1838. De este matrimonio nacieron siete hijos: Elena, Teresa, Alberto, Amelia, Juan de Dios, Camilo y Juana Mora Aguilar.
Fue alcalde de San José en 1837 y desempeñó otros cargos públicos, aunque sus principales actividades fueron el comercio, el cultivo del café, la caña de azúcar y los bienes raíces.
En 1847 fue electo como Vicepresidente de la República, cargo al que renunció en 1848. En 1849 fue nuevamente electo como Vicepresidente. Debido al golpe militar ejecutado por el General José Manuel Quirós y Blanco, que obligó a renunciar al Presidente José María Castro Madriz y hasta que se declarase la elección de su sucesor, fue llamado a ejercer el poder. Posteriormente fue elegido para terminar el período de Castro Madriz.
Entre los primeros éxitos logrados durante su gobierno estuvieron el reconocimiento de la independencia costarricense por España y la creación por Pío IX de la diócesis de Costa Rica (1850), cuyo primer obispo fue Anselmo Llorente y Lafuente.
El Congreso Constitucional le confirió el título de Benemérito de la Patria, por Decreto No. LXXXVI de 25 de junio de 1850.
En 1853 fue reelegido. Mejoró la carretera de Cartago al puerto de Puntarenas, vía que contribuyó a acelerar el desarrollo económico del país y se ejecutaron otras disposiciones progresistas.
A principios de 1856 Costa Rica se vio obligada a afrontar la Guerra de 1856, mejor conocida como la Campaña Nacional contra los filibusteros, para expulsar a William Walker del territorio centroamericano. En la primera fase de la guerra, en la que Mora acompañó a las tropas personalmente (delegó la presidencia al vicepresidente Francisco María Oreamuno), el ejército costarricense salió victorioso en la batalla de Santa Rosa, la batalla de Sardinal y en la primera batalla de Rivas; pero fue atacado por un brote de cólera y se retiró de Nicaragua. Después la enfermedad se extendió por gran parte del país y mató a 10.000 personas, casi la décima parte de la población costarricense de esa época. La guerra concluyó en 1857, después de que el militar Máximo Blanco cortó las vías de abastecimiento de los filibusteros mediante la campaña del río San Juan.
La victoria en la guerra contra Walker llenó de gloria a Mora; pero la firma de unos de contratos muy discutibles entre el gobierno de Costa Rica y el aventurero británico William Webster en relación con la vía del tránsito interoceánico provocó un grave disgusto con Nicaragua, que declaró la guerra a Costa Rica en 1857. El asunto se resolvió mediante la firma, el 15 de abril de 1858, del tratado Cañas-Jerez, en el que se fijaron los límites entre los dos países y Costa Rica quedó sin acceso al Lago de Nicaragua y con un limitado derecho de libre navegación en el curso inferior del río San Juan.
A principios de 1859 fue reelegido para un tercer período, pero el 14 de agosto de ese año fue derrocado por los comandantes de los cuarteles de San José, quienes lo obligaron a dejar el poder y salir del país. Mora estableció su residencia en El Salvador.
En las elecciones costarricenses de 1860 sus partidaron postularon como candidato a su pariente Manuel Mora Fernández, pero fue derrotado por José María Montealegre Fernández. Éste trató de llegar a un arreglo con Juan Rafael Mora Porras para que desistiese de sus pretensiones de recobrar el poder, pero tales esfuerzos no dieron resultado.
Convencido por sus amigos y pensando que al llegar a Costa Rica se efectuaría un levantamiento general a su favor, Mora desembarcó en el puerto de Puntarenas en septiembre de 1860, en compañía de algunos de sus parientes y partidarios. El gobierno de Montealegre envió una fuerza militar a Puntarenas, que después de un sangriento combate en La Angostura logró vencer a los moristas. Mora fue apresado y un consejo de guerra lo condenó a muerte. Fue fusilado el 30 de septiembre de 1860 en Puntarenas junto al General José María Cañas, quien también batalló en la Campaña Nacional. Sus restos descansan en el Cementerio General de San José.
En años recientes se han estudiado sus actuaciones desde una perspectiva menos idealizada y más crítica, y se han puesto de manifiesto una serie de actuaciones suyas muy discutibles en relación con diversas actividades, tales como la venta de terrenos municipales, las contrataciones de licores y la banca, así como características personales de ambición y soberbia que coadyuvaron a su caída y muerte. Sin embargo, la historia recuerda a Juan Rafael Mora Porras por su heroico combate contra los filibusteros partidarios de la esclavitud, logrando la victoria para Costa Rica y Centroamérica.
Fortaleció la actividad cafetalera
Inauguró el sistema de alumbrado público en 1851
Construyó el edificio de la Universidad de Santo Tomás
Construyó la Fábrica Nacional de Licores.
Durante su administración, el ingeniero Nicolás Gallegos levantó el primer plano de la ciudad de San José.
Durante su gobierno, Manuel María Gutiérrez Flores compuso la música del Himno Nacional en 1852
Se creó la diócesis de Costa Rica en 1850
Se firmó el tratado Cañas-Jerez en 1858
Estimuló el establecimiento de un Banco Nacional de capital mixto
Estimuló el desarrollo de Guanacaste
Dirigió con éxito la Campaña Nacional de 1856-1857 contra los filibusteros
Juan Rafael Mora Porras fue Presidente de Costa Rica en cuatro ocasiones consecutivas. A don Juanito, como le llamaban los costarricenses para diferenciarlo de su pariente el primer Jefe de Estado don Juan Mora Fernández, se le reconoce especialmente el mérito de haber conducido al país a la victoria sobre los filibusteros encabezados por William Walker, en la Campaña Nacional de 1856-1857. Precisamente, por esta campaña, la Asamblea Legislativa de Costa Rica le declaró "héroe y libertador nacional" el 16 de septiembre de 2010.1
Nació en San José el 8 de febrero de 1814. Fue hijo de Camilo Mora Alvarado y Ana Benita Porras Ulloa,hermano de Miguel Mora Porras, Presidente de Costa Rica en 1849, y hermano del General José Joaquín Mora Porras. Sus hermanas Ana María y Guadalupe fueron esposas, respectivamente, de José María Montealegre Fernández, Presidente de la República de 1859 a 1863, y del general José María Cañas Escamilla, gran figura de la guerra contra William Walker.
Se casó en San José el 24 de junio de 1847 con Inés Aguilar Cueto, hija de Manuel Aguilar Chacón, Jefe de Estado de 1837 a 1838. De este matrimonio nacieron siete hijos: Elena, Teresa, Alberto, Amelia, Juan de Dios, Camilo y Juana Mora Aguilar.
Fue alcalde de San José en 1837 y desempeñó otros cargos públicos, aunque sus principales actividades fueron el comercio, el cultivo del café, la caña de azúcar y los bienes raíces.
En 1847 fue electo como Vicepresidente de la República, cargo al que renunció en 1848. En 1849 fue nuevamente electo como Vicepresidente. Debido al golpe militar ejecutado por el General José Manuel Quirós y Blanco, que obligó a renunciar al Presidente José María Castro Madriz y hasta que se declarase la elección de su sucesor, fue llamado a ejercer el poder. Posteriormente fue elegido para terminar el período de Castro Madriz.
Entre los primeros éxitos logrados durante su gobierno estuvieron el reconocimiento de la independencia costarricense por España y la creación por Pío IX de la diócesis de Costa Rica (1850), cuyo primer obispo fue Anselmo Llorente y Lafuente.
El Congreso Constitucional le confirió el título de Benemérito de la Patria, por Decreto No. LXXXVI de 25 de junio de 1850.
En 1853 fue reelegido. Mejoró la carretera de Cartago al puerto de Puntarenas, vía que contribuyó a acelerar el desarrollo económico del país y se ejecutaron otras disposiciones progresistas.
A principios de 1856 Costa Rica se vio obligada a afrontar la Guerra de 1856, mejor conocida como la Campaña Nacional contra los filibusteros, para expulsar a William Walker del territorio centroamericano. En la primera fase de la guerra, en la que Mora acompañó a las tropas personalmente (delegó la presidencia al vicepresidente Francisco María Oreamuno), el ejército costarricense salió victorioso en la batalla de Santa Rosa, la batalla de Sardinal y en la primera batalla de Rivas; pero fue atacado por un brote de cólera y se retiró de Nicaragua. Después la enfermedad se extendió por gran parte del país y mató a 10.000 personas, casi la décima parte de la población costarricense de esa época. La guerra concluyó en 1857, después de que el militar Máximo Blanco cortó las vías de abastecimiento de los filibusteros mediante la campaña del río San Juan.
La victoria en la guerra contra Walker llenó de gloria a Mora; pero la firma de unos de contratos muy discutibles entre el gobierno de Costa Rica y el aventurero británico William Webster en relación con la vía del tránsito interoceánico provocó un grave disgusto con Nicaragua, que declaró la guerra a Costa Rica en 1857. El asunto se resolvió mediante la firma, el 15 de abril de 1858, del tratado Cañas-Jerez, en el que se fijaron los límites entre los dos países y Costa Rica quedó sin acceso al Lago de Nicaragua y con un limitado derecho de libre navegación en el curso inferior del río San Juan.
A principios de 1859 fue reelegido para un tercer período, pero el 14 de agosto de ese año fue derrocado por los comandantes de los cuarteles de San José, quienes lo obligaron a dejar el poder y salir del país. Mora estableció su residencia en El Salvador.
En las elecciones costarricenses de 1860 sus partidaron postularon como candidato a su pariente Manuel Mora Fernández, pero fue derrotado por José María Montealegre Fernández. Éste trató de llegar a un arreglo con Juan Rafael Mora Porras para que desistiese de sus pretensiones de recobrar el poder, pero tales esfuerzos no dieron resultado.
Convencido por sus amigos y pensando que al llegar a Costa Rica se efectuaría un levantamiento general a su favor, Mora desembarcó en el puerto de Puntarenas en septiembre de 1860, en compañía de algunos de sus parientes y partidarios. El gobierno de Montealegre envió una fuerza militar a Puntarenas, que después de un sangriento combate en La Angostura logró vencer a los moristas. Mora fue apresado y un consejo de guerra lo condenó a muerte. Fue fusilado el 30 de septiembre de 1860 en Puntarenas junto al General José María Cañas, quien también batalló en la Campaña Nacional. Sus restos descansan en el Cementerio General de San José.
En años recientes se han estudiado sus actuaciones desde una perspectiva menos idealizada y más crítica, y se han puesto de manifiesto una serie de actuaciones suyas muy discutibles en relación con diversas actividades, tales como la venta de terrenos municipales, las contrataciones de licores y la banca, así como características personales de ambición y soberbia que coadyuvaron a su caída y muerte. Sin embargo, la historia recuerda a Juan Rafael Mora Porras por su heroico combate contra los filibusteros partidarios de la esclavitud, logrando la victoria para Costa Rica y Centroamérica.
Fortaleció la actividad cafetalera
Inauguró el sistema de alumbrado público en 1851
Construyó el edificio de la Universidad de Santo Tomás
Construyó la Fábrica Nacional de Licores.
Durante su administración, el ingeniero Nicolás Gallegos levantó el primer plano de la ciudad de San José.
Durante su gobierno, Manuel María Gutiérrez Flores compuso la música del Himno Nacional en 1852
Se creó la diócesis de Costa Rica en 1850
Se firmó el tratado Cañas-Jerez en 1858
Estimuló el establecimiento de un Banco Nacional de capital mixto
Estimuló el desarrollo de Guanacaste
Dirigió con éxito la Campaña Nacional de 1856-1857 contra los filibusteros
lunes, 9 de mayo de 2011
autoconocimientos
Conócete a ti mismo es la máxima socrática de hace siglos, que expresa en cuatro palabras una tarea para toda la vida, la más seria de todas las tareas.
Así, sólo se puede querer lo que se conoce; si uno es perfectamente desconocido para sí mismo, es difícil poder quererse uno.
Algunas de las preguntas a las que, con frecuencia, es difícil encontrar respuesta son: ¿Quién soy?, ¿Por qué reacciono así?, ¿Qué me hizo sentirme así?, etc.
Debiéndose esto a que no nos conocemos lo suficiente.
Se dice que cuando aprendemos a conocernos, en realidad vivimos; y efectivamente, no podemos vivir con algo o con alguien que desconocemos (uno mismo); mucho menos emplear capacidades, recursos o habilidades desconocidas para nosotros de nosotros mismos.
El conocimiento de sí mismo no sólo afecta positivmente a la autoestima, sino a las relaciones con los demás, y hasta la comprensión del mundo, del universo.
Un físico contemporáneo, afirmó: "Hemos reunido pruebas suficientes que indican que la clave para la comprensión del universo eres tu".
Llegar a un nivel optimo de auto conocimiento, con lleva la comprensión de que se debe conocer a los demás, empezando por conocerse a uno mismo, e identificando la individualidad de cada ser, es decir reconocer la dependencia entre "yo y los otros"
Así, sólo se puede querer lo que se conoce; si uno es perfectamente desconocido para sí mismo, es difícil poder quererse uno.
Algunas de las preguntas a las que, con frecuencia, es difícil encontrar respuesta son: ¿Quién soy?, ¿Por qué reacciono así?, ¿Qué me hizo sentirme así?, etc.
Debiéndose esto a que no nos conocemos lo suficiente.
Se dice que cuando aprendemos a conocernos, en realidad vivimos; y efectivamente, no podemos vivir con algo o con alguien que desconocemos (uno mismo); mucho menos emplear capacidades, recursos o habilidades desconocidas para nosotros de nosotros mismos.
El conocimiento de sí mismo no sólo afecta positivmente a la autoestima, sino a las relaciones con los demás, y hasta la comprensión del mundo, del universo.
Un físico contemporáneo, afirmó: "Hemos reunido pruebas suficientes que indican que la clave para la comprensión del universo eres tu".
Llegar a un nivel optimo de auto conocimiento, con lleva la comprensión de que se debe conocer a los demás, empezando por conocerse a uno mismo, e identificando la individualidad de cada ser, es decir reconocer la dependencia entre "yo y los otros"
sábado, 7 de mayo de 2011
persona en accion
Persona de acción
El líder es ante todo una persona de acción.
No se limita a definir la estrategia de la empresa, sino que una vez que ha fijado los objetivos luchará con denuedo hasta conseguirlos.
Una visión, un objetivo, etc. sólo son valiosos en la medida en la que uno esté dispuesto a luchar por ellos.
Una persona que se limitara a fijar unas metas pero que no se emplease a fondo en su consecución difícilmente podría ser un líder.
El valor de su aportación sería limitado. Su función sería más bien la de un asesor, pero nunca la de un líder.
El líder quiere resultados palpables y se va a poner al frente de su equipo para conseguirlos.
Además no quiere resultados en el largo plazo, los quiere ya, ahora (el tiempo es oro).
Por este motivo, resulta muy útil no limitarse a fijar objetivos en el largo plazo sino establecer también metas menores en el corto plazo, que marquen el camino hacia el objetivo final.
Estas metas a corto plazo permiten transmitir un mensaje de premura a la organización (el largo plazo se ve muy lejano, pero el corto plazo es inmediato, no hay tiempo que perder).
La filosofía que preside el modo de actuar del líder es que no vale simplemente con estar ocupado (dedicar tiempo al trabajo, pasar muchas horas en la oficina), sino que hay que obtener resultados.
El líder premiará a sus subordinados por los resultados alcanzados y no simplemente por el tiempo dedicado.
No obstante, también sabe valorar a aquel empleado que pone todo su empeño en el intento aunque los resultados no le acompañen.
La persona de acción es una persona que sabe tomar decisiones con agilidad, que se enfrenta a los problemas tan pronto se presentan, que no permite que las cosas se demoren en el tiempo.
El líder piensa en el largo plazo pero trabaja en el corto plazo: si el problema surge hoy hay que abordarlo hoy mismo y no dentro de unos días.
Si hoy se ha tomado una decisión, se pondrá en práctica hoy mismo y se pedirán resultados mañana.
Este modo de actuar no quiere decir que el líder actúe alocadamente. Muy al contrario, le dedicará a los problemas el tiempo de reflexión y de consulta que sea necesario, analizará las posibles alternativas, consultará con quien tenga que hacerlo. Pero todo ello con el convencimiento de que el tiempo apremia.
El tiempo de reflexión y análisis no se puede prolongar ni un segundo más de lo estrictamente necesario.
La mayoría de las veces es preferible adoptar hoy una decisión suficientemente buena que la mejor decisión dentro de un mes.
El líder no admite un NO por respuesta; buscará vías alternativas y se rodeará de personas que funcionen de la misma manera.
El líder es una persona de coraje, no se amilana ante los obstáculos.
El líder va a exigir a su equipo que funcione de forma similar.
Prefiere que sus colabores tomen decisiones, aunque se equivoquen.
Se rodea de gente de acción, personas con ganas de hacer cosas.
Fomenta en la empresa una cultura orientada a la acción.
El líder es ante todo una persona de acción.
No se limita a definir la estrategia de la empresa, sino que una vez que ha fijado los objetivos luchará con denuedo hasta conseguirlos.
Una visión, un objetivo, etc. sólo son valiosos en la medida en la que uno esté dispuesto a luchar por ellos.
Una persona que se limitara a fijar unas metas pero que no se emplease a fondo en su consecución difícilmente podría ser un líder.
El valor de su aportación sería limitado. Su función sería más bien la de un asesor, pero nunca la de un líder.
El líder quiere resultados palpables y se va a poner al frente de su equipo para conseguirlos.
Además no quiere resultados en el largo plazo, los quiere ya, ahora (el tiempo es oro).
Por este motivo, resulta muy útil no limitarse a fijar objetivos en el largo plazo sino establecer también metas menores en el corto plazo, que marquen el camino hacia el objetivo final.
Estas metas a corto plazo permiten transmitir un mensaje de premura a la organización (el largo plazo se ve muy lejano, pero el corto plazo es inmediato, no hay tiempo que perder).
La filosofía que preside el modo de actuar del líder es que no vale simplemente con estar ocupado (dedicar tiempo al trabajo, pasar muchas horas en la oficina), sino que hay que obtener resultados.
El líder premiará a sus subordinados por los resultados alcanzados y no simplemente por el tiempo dedicado.
No obstante, también sabe valorar a aquel empleado que pone todo su empeño en el intento aunque los resultados no le acompañen.
La persona de acción es una persona que sabe tomar decisiones con agilidad, que se enfrenta a los problemas tan pronto se presentan, que no permite que las cosas se demoren en el tiempo.
El líder piensa en el largo plazo pero trabaja en el corto plazo: si el problema surge hoy hay que abordarlo hoy mismo y no dentro de unos días.
Si hoy se ha tomado una decisión, se pondrá en práctica hoy mismo y se pedirán resultados mañana.
Este modo de actuar no quiere decir que el líder actúe alocadamente. Muy al contrario, le dedicará a los problemas el tiempo de reflexión y de consulta que sea necesario, analizará las posibles alternativas, consultará con quien tenga que hacerlo. Pero todo ello con el convencimiento de que el tiempo apremia.
El tiempo de reflexión y análisis no se puede prolongar ni un segundo más de lo estrictamente necesario.
La mayoría de las veces es preferible adoptar hoy una decisión suficientemente buena que la mejor decisión dentro de un mes.
El líder no admite un NO por respuesta; buscará vías alternativas y se rodeará de personas que funcionen de la misma manera.
El líder es una persona de coraje, no se amilana ante los obstáculos.
El líder va a exigir a su equipo que funcione de forma similar.
Prefiere que sus colabores tomen decisiones, aunque se equivoquen.
Se rodea de gente de acción, personas con ganas de hacer cosas.
Fomenta en la empresa una cultura orientada a la acción.
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